Por: @AngePaderiLa noche cae en Bogotá y en Chapinero se siente esa energía característica de los que no quieren dormir y que invita a los visitantes a mantenerse despiertos alentados por ese frio que no congela, sino que vitaliza. En la fila que voltea la esquina de la Kra 13 con calle 64, se ven gorras planas, chaquetas anchas y miradas cómplices de quienes se hacen amigos por un gusto en común, por el amor a un género musical y a una cultura que conecta corazones solitarios con beats y letras que marcaron una generación, los 90’s donde empezó esto del Hip Hop en Bogotá.

Un cartel imperdible, @FlacoFlowOficial @RapBangClub, @Aerophonoficial y @Cejaznegrazoficial. El público está ansioso por ver lo que va a pasar, todos traen consigo el corazón lleno de esperanza por encontrarse con esos momentos que marcaron cada historia personal gracias a la música, este concierto es un pequeño portal que por unas horas transportará los pensamientos de quienes lo viremos a las historias del pasado, a los colores que hacen pensar en esos cuadernos viejos donde se parafrasearon letras que hoy se van a gritar sin importar la entonación, aquí lo importante es sentir la música y disfrutar el show que cada artista trae para su público.

Las puertas del @LourdesMusicHall se abren, el murmullo de los asistentes se convierte en un latido común de un corazón que está apunto por vivir algo importante. Este no es solo un concierto, es una cita con la adolescencia, con esa versión de si mismos que creyó en algún momento que la música podía salvarlo todo y que de cierta manera lo hizo y hoy nos encontró allí.
El espectáculo inicia con el DJ que se encarga de calentar a un público mientras se organiza y da paso a quien abre el show, Flaco Flow aparece en el escenario y el público lo reconoce antes de que diga una palabra, sus canciones no suenan igual que antes, suenan mucho mejor, el artista en el escenario no interpreta solo música, interpreta vidas. Mira al público como quien reconoce viejos amigos y agradece que sigan ahí. Canción tras canción un recorrido por calles viejas con audífonos puestos, por batallas internas, victorias que pudieron doler, y cuando llegó ‘la jungla’ el sentimiento hizo que ocurriera lo inevitable: el micrófono apuntando al público y todos cantando al unísono “y que se esconde detrás de la maleza que asecha” … No había artista y audiencia, solo una memoria colectiva gritando que continúa vivía.

Sin dejar que la emoción disminuyera, Rap Bang Club tomó el relevo y continuó el show como una conversación viva entre generaciones que comparten el mismo idioma y sienten el rap como su brújula moral. El grupo impuso un estilo sólido y contundente, donde la fuerza está en la mezcla colectiva que impacta en conjunto y hace vibrar al público. La sabrosura caribeña que aporta @KarinMusicB, sumada a la diversidad lírica de @Pezktr, construye una fusión explosiva que enloquece a la audiencia. La sorpresa llegó cuando retomaron ‘La Jungla’ a capela y la cantaron junto a Flaco Flow, rindiéndole un homenaje sentido al artista, con un público cómplice que convirtió ese momento en memoria compartida.
Luego llegó Aerophon con esa energía que no pide permiso, con ellos el tiempo se desarma y recuerdan que el rap también es resistencia elegante. Las manos arriba como señal de respeto, el pasado hecho presente: @FrankTakuma y @Jeff_ruzto recordando con canciones como “soñando” “mi familia” “salvavidas” entre otras. Su presentación no solo fue musical, fue emocional, cantaron como quien abre un álbum de fotos viejas, acompañados de unos visuales que ayudaron a este viaje como de quien se reencuentra con lo que fue para entender lo que es.

Y cuando la noche parecía haberlo dado todo, llegó el cierre abrupto, como debe ser en el HipHop, contundente y sin censura, recordando con firmeza, rimas afiladas y la presencia de los respetados clásicos, La Crack Family @cejaznegrazoficial y @Mannylafam se tomaron el escenario sin suavidad cerrando el evento con temas clásicos del rap bogotano como “reina” y “gaminart”. El final no buscó lágrimas, busco solidez. El público se lo gozó sabiendo que estaba presenciando algo mas grande que un show: retomar una historia donde se había quedado, recordar que el rap también es confrontación, postura y raíz.

Al salir del Lourdes Sessions el frio se volvió a sentir, pero el ambiente no era el mismo, quienes estuvimos ahí no salimos igual. Este no solo fue un evento, fue una línea de tiempo hecha música. Un espacio donde el pasado y el presente cantaron juntos por unas horas y nos devolvió a ser quienes aprendimos a sobrevivir con la compañía de un beat y el valor de la palabra.
