Hay imágenes que acompañan una celebración y otras que consiguen contar una historia. La identidad visual de los 30 años de Rock al Parque, creada por el diseñador Tavo Garavato, pertenece a la segunda categoría. Su protagonista es un copetón, una especie que comparte territorio con el festival y que se convierte en símbolo de resistencia, memoria y ciudad.
La elección del ave nace de la experiencia cotidiana de Garavato con Bogotá. El copetón lo ha acompañado en sus recorridos por parques y barrios, y su resistencia en medio de la transformación urbana lo llevó a relacionarlo con la esencia del rock: una pequeña figura que persiste frente a un entorno cambiante.
Esa idea también representa al festival. Durante tres décadas, Rock al Parque ha atravesado transformaciones en la música, la industria cultural y las administraciones de la ciudad, manteniendo su lugar como uno de los grandes encuentros musicales de Bogotá. El copetón y el festival comparten así una misma historia de permanencia en el Parque Simón Bolívar.
La gráfica retoma además códigos de la cultura urbana: stencil, cartelismo, sticker, graffiti y la estética del “hágalo usted mismo”. Una apuesta que conecta la celebración con las calles de Bogotá y con las expresiones visuales que históricamente han acompañado a sus escenas musicales.
Tres copetones pequeños aparecen en la composición como representación del pasado, presente y futuro. No es solamente una mirada a lo que fueron estos 30 años, sino una invitación a pensar en las generaciones que han pasado por el festival y en las que todavía están por llegar.
La paleta de colores también tiene una raíz bogotana. Los naranjas están inspirados en los atardeceres que Garavato observa desde su estudio y en la luz que alcanza el Parque Simón Bolívar, con una referencia al universo arquitectónico de Rogelio Salmona.
Pero la imagen también abre una conversación sobre el territorio. El copetón recuerda que el Parque Simón Bolívar no es únicamente escenario de grandes conciertos, sino un ecosistema compartido con diferentes especies. Celebrar Rock al Parque implica, entonces, preguntarnos cómo conviven la cultura, la música y la naturaleza en un mismo espacio.
Para Garavato, la pieza tiene además un significado personal. A los 15 años no pudo asistir al primer Rock al Parque en 1995; llegó por primera vez en 1999, a los 18. Hoy, convertido en el autor de la imagen oficial de sus 30 años, cierra un círculo que comenzó como espectador y terminó vinculado a la historia visual del festival.
El copetón no solo canta, nos recuerda dónde estamos. Y detrás de esa frase hay una idea poderosa: Rock al Parque no es una historia separada de Bogotá. Es parte de sus parques, sus calles, sus sonidos, sus públicos y de las múltiples formas en que una ciudad construye memoria a través de la cultura.
