El rap volvió a tomarse el Simón Bolívar. Con artistas de distintas latitudes, batallas de breaking, grafiti y miles de historias compartidas, la edición 28 de Hip Hop al Parque demostró que esta cultura sigue siendo un punto de encuentro para quienes encuentran en el arte una forma de expresión y resistencia.
En Bogotá, el hip hop no necesita presentación, pero sí espacios para seguir contando sus historias. Y durante dos días, el Parque Metropolitano Simón Bolívar fue testigo de ello. La edición 28 de Hip Hop al Parque reunió cerca de 73.000 asistentes y más de 180 artistas en una programación que conectó el rap, el baile, el arte urbano y las distintas formas de vivir esta cultura.
Desde las propuestas emergentes de la escena distrital hasta los nombres internacionales que han marcado generaciones, el festival puso en diálogo diferentes sonidos y maneras de entender el movimiento. Una celebración que trascendió los conciertos y recordó que el hip hop también se construye en la calle, en los barrios y en las experiencias que se convierten en rimas.
Del barrio al escenario: el talento local tomó la palabra
La programación abrió espacio para artistas bogotanos que mantienen activa la escena y exploran nuevas posibilidades dentro del género. Doggy Fresh, Spektra de la Rima, Alfa Gama, Aros García y los DJs que acompañaron la primera jornada demostraron que el movimiento local continúa renovándose sin desprenderse de sus raíces.
El rap colombiano también tuvo una representación destacada con Granuja, mientras que el colectivo caleño H2O Hip Hop Organizado llevó al festival una muestra de la diversidad de sonidos que se producen fuera de la capital.
Al otro lado de las fronteras, Lord Kossity conectó el escenario con las sonoridades caribeñas del dancehall; Neblinna puso la contundencia de sus letras al servicio del rap venezolano, y The Beatnuts trajeron a Bogotá parte de la historia del hip hop neoyorquino.
Uno de los encuentros más memorables llegó con Ana Tijoux. La artista chilena interpretó canciones como 1977 y compartió escenario con La Muchacha para cantar Sacar la voz, un momento que conectó dos universos musicales atravesados por la identidad, la crítica social y la fuerza de la palabra.
La segunda jornada mantuvo el pulso con propuestas distritales como Monfu YWC, H-Ico el Señor del Funk, M.A.D. Fellaz y Jamblock Jr., entre otros. A ellos se sumaron El Nido y DJ Destroy Arms, ampliando el recorrido por las distintas expresiones del rap y la cultura DJ.
Desde Brasil llegó Conexão Katrina; Barcelona estuvo representada por Las Ninyas del Corro, que debutaron en Sudamérica, y Coast Contra llevó al escenario su estilo de rimas rápidas y composiciones conscientes. El cierre quedó en manos de El B., quien puso el punto final a la programación musical con una presentación cargada de energía.
Mujeres que cambian las reglas del juego
Hablar del presente del hip hop implica reconocer a las mujeres que están ampliando sus espacios dentro de la cultura. En esta edición, sus voces ocuparon lugares centrales en la programación y demostraron que el movimiento también se transforma desde nuevas perspectivas.
Spektra de la Rima representó la fuerza de la escena bogotana; Neblinna llevó el rap venezolano al público capitalino; Ana Tijoux reafirmó su trayectoria como una de las figuras destacadas de la música latinoamericana, y Las Ninyas del Corro sumaron un capítulo especial a su recorrido con su primera presentación en Sudamérica.
Conexão Katrina aportó sus narrativas y sonoridades, mientras Mafia Crew hizo lo propio desde el breaking. Diferentes disciplinas, procedencias y experiencias coincidieron en un mismo escenario para evidenciar que las mujeres no son invitadas ocasionales de esta cultura: son creadoras, referentes y protagonistas de su evolución.
El cuerpo también rapea: así se vivió el breaking
Cuando el beat cambia, el cuerpo toma la palabra. La Batalla Internacional Vía Alterna (BIVA) convirtió la danza en otro de los puntos de encuentro del festival, reuniendo a 40 bailarines en una competencia que cruzó estilos, técnicas y experiencias.
La participación de artistas distritales e internacionales permitió compartir conocimientos y demostrar el nivel de una disciplina que exige preparación, creatividad y carácter. La agrupación colombiana Young Kings se llevó la victoria en las batallas, celebrando el talento nacional en una cultura donde cada movimiento cuenta una historia.
Las paredes también tienen algo que decir
El hip hop no termina cuando se apaga el micrófono. El grafiti y las intervenciones urbanas hicieron parte de la experiencia con propuestas que buscaron acercar el arte a otros espacios de la ciudad.
A través de iniciativas vinculadas con la Beca Museo Abierto de Bogotá, cuatro agrupaciones desarrollaron obras de pequeño formato, mientras que 40 artistas participaron en intervenciones de microformato sobre superficies acondicionadas en paraderos de transporte público cercanos al parque.
Las creaciones se proyectaron para su traslado a Vive Claro Distrito Cultural, en el marco de una alianza con Idartes orientada a promover el arte urbano, el muralismo y el grafiti.
La experiencia también incluyó a Libro al Viento, que entregó más de 2.000 ejemplares gratuitos y desarrolló actividades de mediación literaria. Una apuesta que conectó la lectura con una cultura que históricamente ha encontrado en las palabras una herramienta para narrar su entorno y cuestionar la realidad.
Emprender también hace parte del movimiento
Entre concierto y concierto, el público encontró productos, propuestas creativas y alternativas gastronómicas. La Zona de Arte y Emprendimiento reunió a 30 emprendimientos que registraron ventas superiores a los $80 millones, mientras que la oferta de comidas superó los $70 millones.
Estas cifras muestran otra cara de los festivales: detrás de la música también hay personas que trabajan, producen y encuentran en los eventos culturales una oportunidad para dar a conocer sus proyectos.
Según las estimaciones presentadas en el balance del festival, los gastos del público en transporte, alimentación, compras, vestuario y otros rubros habrían movilizado cerca de $3.200 millones durante las dos jornadas.
Además, el 6,9 % de los asistentes provenía de fuera de Bogotá. Entre estos visitantes, el 75 % viajó específicamente para participar en el evento, lo que confirma el alcance de Hip Hop al Parque como atractivo cultural y turístico para la ciudad.
Más allá de la asistencia, una cultura que convoca
Los resultados de percepción también reflejaron una respuesta favorable del público. De acuerdo con el Observatorio de Gestión del Conocimiento en Cultura, el 97,9 % de los asistentes afirmó que volvería a futuras ediciones y el 100 % manifestó que recomendaría el festival.
Sin embargo, el balance también estuvo marcado por hechos de violencia protagonizados por algunas personas que atacaron a integrantes de la Policía Metropolitana. Idartes rechazó estas actuaciones, expresó su solidaridad con los uniformados afectados y destacó el acompañamiento de las entidades responsables de la convivencia y la seguridad.
Lo ocurrido deja sobre la mesa la importancia de proteger estos espacios colectivos, donde miles de personas se reúnen alrededor de la música y el respeto por las distintas expresiones culturales.
El hip hop sigue escribiendo la historia de Bogotá
Veintiocho ediciones después, Hip Hop al Parque continúa siendo una plataforma para artistas, bailarines, DJs, grafiteros y emprendedores. Pero su importancia no se mide únicamente en escenarios llenos o cifras económicas: también está en las conexiones que genera, las nuevas voces que visibiliza y las oportunidades que abre para una cultura en constante movimiento.
El festival volvió a reunir a distintas generaciones alrededor de una misma pasión. Unas llegaron por sus referentes de toda la vida; otras, para descubrir nuevas propuestas. Todas encontraron un espacio en el que el rap, el breaking y el arte urbano dialogaron con la identidad de una ciudad diversa.
Desde ProtON Magazin, seguimos atentos a las escenas que cuentan lo que somos a través de la música y la cultura. Porque mientras haya una historia que narrar, una rima que compartir o una pared dispuesta a convertirse en lienzo, el hip hop seguirá encontrando nuevas formas de hacerse escuchar en Bogotá.
