Por: Nana
¿Qué es esa oda constante a la nostalgia que atraviesa nuestra época? ¿Por qué sentimos una necesidad casi febril de regresar a espacios donde reconstruimos la memoria de quienes fuimos hace 15 o 20 años?
Estas preguntas vuelven una y otra vez a mi cabeza, especialmente después de asistir a Mamá no fue una etapa 2 (@mamanofueunaetapa), el pasado 6 de marzo en Capital Live Concerts. Un evento que rindió tributo a bandas fundamentales como Green Day, Simple Plan, Panda y My Chemical Romance, -porque claramente todavía no supero el show del 10 de febrero (puedes leer también mi nota sobre ese día aquí)-, acompañado además por un DJ set liderado por @emocolombia.
La asistencia fue posible gracias al sorteo realizado por @helena_tribute, el fan club oficial de My Chemical Romance en Colombia (@mcrcolombia), junto a @theinsidersco y @frankieroftw. Gracias por la oportunidad de vivir una noche cargada de memoria y música, los quiero mucho.

Mi hermana y yo estábamos haciendo fila desde las 8 de la noche, expectantes por lo que encontraríamos al entrar. Capital Live Concerts ya se encontraba medianamente lleno: la gente pedía bebidas mientras, de fondo, una imagen de la interfaz de MySpace que funcionaba como portal inmediato hacia los años dos mil.
Porque la nostalgia aquí no es ni estética, ni mucho menos casual. ¿Quién en los 2000 no descargó música por Ares, personalizó sus perfiles de myspace digitales interminablemente o asistió a conciertos siendo menor de edad buscando una forma de pertenencia? Espacios que terminaron generando vínculos que hoy siguen activos. Quizás el regresar sea también una forma de justicia: una manera de volver tangible la memoria a través del encuentro físico y colectivo.
Apenas se apagaron las luces, @los10másuno abrió la noche con un tributo a Panda, y de repente regresaron letras que llevaba años sin escuchar. Terminé cantando a todo pulmón “Narcisista por excelencia” y “Cita en el quirófano”, como si el tiempo no hubiera pasado.
Luego, @allenband tomó el escenario con un tributo a Simple Plan que despertó inevitablemente la sensibilidad adolescente colectiva. Cuando sonó Perfect, no pude evitar pensar en cuánto amaba esa canción cuando tenía 16 años ya que acompañó una etapa marcada por muchas emociones intensas.
La sorpresa de la noche llegó con el tributo a Green Day interpretado por @sk84stereo. La energía desbordada durante canciones como King for a Day y Basket Case encendió el lugar y el mosh apareció casi de inmediato reactivando una dinámica casi ritual dentro del concierto, despertando incluso a quienes observaban desde la distancia.
Para cerrar la tanda, Helena Tribute volvió a hacernos desear estar nuevamente aquel 10 de febrero cantando las canciones de My Chemical Romance, confirmando que algunas emociones simplemente no envejecen.
Hay algo profundamente catártico en habitar estos espacios atravesados por la nostalgia. El ocupar colectivamente un lenguaje emocional que definió una etapa de nuestras vidas y que continúa actualizándose, manteniendo vigente la identificación con esas experiencias compartidas.
Crecimos y regresamos no solo por nostalgia, sino porque esas emociones continúan presentes en la adultez. Regresar se convierte en un ejercicio de memoria compartida y comunitaria. Tal vez por eso estos encuentros nos siguen convocando. No volvemos únicamente para recordar, sino para reconocernos y entender cuánto de quienes fuimos todavía vive en nosotros.
