Foto Por Sisay Nattura
Por : Sisay Nattura
En el Royal Center de Bogotá cumplimos la cita con una de las figuras clave de la generación del rap español, donde entre rimas, beats y clásicos, teníamos la emoción a tope por ver a ese Nach que, incluso, se tomó un par de minutos entre las largas filas para saludar a sus fans antes de entrar a dar su concierto.
El rapero español, con más de 25 años de carrera, no solo ha pasado de ser Nacho a finales de los 90 con su estilo callejero y respeto por la escena clásica, a convertirse en Nach Scratch, el chico problemático de poesía intensa, y luego en el poeta y cantautor que conocemos hoy con Almanauta; sino que también se ha consolidado como un referente para artistas que buscan un lugar en la escena, como Nanpa Básico, Micro TDH, Trueno, Eladio Carrión, entre muchos otros de la nueva ola. A todos ellos, Nach con el respeto por el arte que lo caracteriza les dedicó un momento en su show para homenajearlos, recalcando que, viniendo de un mundo con tantas fronteras, es necesario romper los hilos que intentan controlar el pensamiento humano.

En un público donde predominaban personas entre los 30 y 40 años, resultaba sorprendente ver nuevas generaciones. Se sentía la emoción del artista al notar que, después de 25 años de carrera, los gritos de la audiencia seguían siendo un reflejo de admiración. Incluso en momentos en los que la altura de Bogotá le jugaba una mala pasada y tenía que detenerse, todos al unísono gritaban “Nacho”, dándole ese impulso para continuar rapeando.
Con ese brillo en los ojos y esas rimas tan precisas, cada una cargada de sentimiento, nos quedamos los asistentes al evento con un recordatorio claro: la música es eso. Es estremecer los sentidos, evocar recuerdos, despertar esa sonrisa tímida de quien está viendo a un referente que escuchaba en el colegio, en la universidad o en el barrio.
Porque eso es Nach: ese chico de barrio que jugaba baloncesto, que se sentaba frente a un papel a escribir sin cesar, que se ponía sus camisetas oversize para salir a escenarios donde no sabía si habría 10 personas o 300, y que aun así lo daba todo para ofrecer un show como este. Un show que deja claro que crecimos en una generación de hip hop donde el respeto por el artista comienza por entender su intención.
