Foto por: Sergio Salazar
Por: CarlosJ
Agradecemos a la Alcaldía Local de La Candelaria por habernos tenido en cuenta, como Revista ProTON Magazín, en el proceso de fortalecimiento de los medios comunitarios y alternativos de la localidad. Gracias a esta oportunidad, pudimos contar la historia de un tema tan importante como la gentrificación en Bogotá. A partir de esta experiencia, hemos logrado analizar este fenómeno en el contexto de nuestra ciudad.
Bogotá se ha convertido en una de las capitales de Colombia donde este fenómeno sociocultural y etnográfico ha venido cambiando de manera significativa. Sin embargo, no es exclusivo de esta ciudad; se trata de un fenómeno global que crece constantemente y en el que, según expertos, las personas pueden llegar a perder su arraigo, cultura, religión, identidad política e incluso el concepto de familia.
El principal factor al que se atribuyen estos cambios es la gentrificación, un término que ha cobrado gran relevancia, pero frente al cual ni los gobiernos nacionales ni locales han prestado suficiente atención o desarrollado una regulación clara.
En Colombia, la gentrificación es un proceso urbano que involucra a distintos grupos poblacionales como protagonistas en la transformación de un territorio, como ocurre en la localidad de La Candelaria.
Este fenómeno ha venido transformando la localidad, donde la mezcla social y las redes familiares y laborales configuran un nuevo estilo de vida. Según analistas sociales, el término surgió en 1964 gracias a Ruth Glass, quien lo utilizó para describir el proceso mediante el cual zonas obreras se transforman por la llegada de clases medias, generando finalmente el desplazamiento de las clases trabajadoras.
Actualmente, la gentrificación en Bogotá se concentra en localidades como Barrios Unidos, Chapinero y La Candelaria. Los expertos coinciden en que este proceso ha traído tanto beneficios como perjuicios para las comunidades.
Entre los beneficios, especialmente en La Candelaria, se destacan la renovación urbana, el mejoramiento del espacio público, el aumento de la seguridad, la dinamización económica por la llegada de nuevos negocios, el crecimiento del turismo, la inversión y la valorización del suelo, así como el incremento en la venta de propiedades.
ProTON Magazín recogió el testimonio de uno de los líderes del sector, Alfredo Ortiz, conocido como “El Cacha”, fundador del Museo de la Chicha en el Chorro de Quevedo, quien afirmó que la gentrificación ha sido una herramienta para fortalecer su actividad económica y emprendimiento.
“El turismo es algo extraordinario para Bogotá y para Colombia. Como destino, ha sido uno de los principales lugares de visita para extranjeros durante los últimos 15 años, y uno de sus mayores atractivos es la localidad de La Candelaria, con su centro histórico y sus siete barrios”, comenta.
Para él, la gentrificación representa una oportunidad de desarrollo, especialmente con el surgimiento de numerosos hostales que ofrecen alojamiento accesible a los visitantes. Esto, a su vez, genera empleo y dinamiza la economía local.
“El reto es unirse a la economía a través de las artes, los oficios y la gastronomía. Más que oponerse al sistema, es adaptarse a él; como dice el dicho: si no puedes con tu enemigo, únete a él”, afirma.
En nuestra investigación también encontramos que la localidad de Chapinero ha experimentado mejoras con la llegada de la gentrificación, evidenciadas en la aparición de cafés, espacios de coworking, vivienda moderna y el fortalecimiento de la economía creativa. No obstante, uno de sus principales problemas es el aumento en el costo de los arriendos, lo que ha obligado a residentes tradicionales, adultos mayores y estudiantes de bajos ingresos a desplazarse hacia otras zonas.
En La Candelaria, las oportunidades se reflejan en el turismo, la restauración del patrimonio y el incremento de la inversión cultural. Sin embargo, el auge de plataformas de alquiler turístico ha reducido la oferta de vivienda para residentes permanentes.
En el caso de Teusaquillo, se destacan la renovación de viviendas antiguas y la valorización del sector, aunque también se presenta la transformación de casas familiares en oficinas o proyectos de mayor costo.
Finalmente, en la zona de San Felipe, ubicada en Barrios Unidos, el sector se ha consolidado como un distrito de arte y galerías, atrayendo inversión y eventos culturales. No obstante, esto ha generado el desplazamiento progresivo de talleres y residentes originales debido al aumento en los precios.
Para concluir, la gentrificación en Bogotá no es únicamente un proceso urbanístico o financiero; es, fundamentalmente, una reconfiguración de las dinámicas sociales y comunitarias. En sectores como La Candelaria, Chapinero, Teusaquillo y Barrios Unidos, la inversión y los cambios en el uso del suelo impactan directamente el tejido social tradicional. Este fenómeno presenta dos caras: por un lado, el desarrollo económico y la mejora del espacio público; por otro, el desplazamiento de la población originaria y la transformación de la identidad local.
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