Tenía miedo de volver al escenario, esta vez era mucho más desafiante que las veces anteriores porque era mi propia creación. Con una idea que no resultaba tangible me lancé a escribir una convocatoria de creación, ese lenguaje poético, abstracto y la concreción que piden las convocatorias siempre me ha resultado difícil de sortear. En mi cabeza puedo ver la imagenes de como resultaran los procesos artísticos de otras personas, porque está entrenada para la producción, para diseñar un plan que pueda hacernos llegar a ese final que tan claramente puedo ver. No es así con mis propias ideas de creación.
Sin embargo llevaba años escribiendo textos sueltos, sobre cómo me he construido a través de la mirada externa, desde que leí la frase Todos tenemos detrás de la cabeza un punto del tamaño de un chelín que nosotros mismos no podemos ver de Virginia Woolf en su libro: Una habitación propia (1929). Ahí encontré una claridad, sobre cómo mi proceso de reconocerme artista continuó gracias a la mirada de convicción de mi padre y mi madre que a mí misma me hacía falta. Enunciarme como artista me ha costado muchos años y enviar esa convocatoria es la prueba de que era capaz, lo que nunca esperé fue ganarme el estímulo de creación en danza de la Secretaría de Cultura de Cali.
Mi primera reacción fue sentir pánico, el corazón acelerado y la cabeza dando vueltas, pero sabía que era una gran oportunidad. Así empezamos un viaje que se convertiría en la primera obra de Malvaloka Producciones, de este grupo de amigas que sostiene y acompaña los sueños, que ha ido convirtiendo los deseos creativos propios y ajenos en realidades disruptivas y posibles.
Atrás pensamientos danzados empezó a hacerse realidad en salas de ensayo, en el cuerpo de mi compañera de escena y el mío, en las libretas que rayamos para responder las preguntas sobre la organización del espacio, las planimetrías circulares que siempre fueron un elemento central de la obra y la dramaturgia, que trata de cohesionar y dar sentido a lo que tenía dentro.
Esta idea de construirse con soporte de la mirada externa se convirtió en corporalidad cuando decidimos jugar a ser casi un títere, un cuerpo que no es capaz de sostenerse en su verticalidad y que depende de otro para activar el movimiento, aunque lentamente va evolucionado para soltarse de ese sostén. Y cuando digo mirada no me refiero únicamente a la vista porque desde la escritura lo pensamos también desde el sonido que habita el espacio, la concepción que tienen otras personas sobre ti, las palabras que otros dicen y se quedan resonando para construir tu identidad.
Necesitaba sentirme acompañada en escena porque esta obra es personal y me obliga a desnudar mis miedos delante del público, por eso apareció mi voz y la de mi gente querida tejida como una música experimental. Sostuvimos la idea de incluir al público y que se volviera personal para quienes habitaran ese espacio a través de sus propias voces, pero también a través de la organización del espacio escénico, a veces eran el centro del escenario, a veces la periferia.
El círculo central, las sillas ubicadas alrededor y el pasillo exterior, que también es escenario, siempre nos evocaron como en la vida misma: cada fin es un nuevo principio, por eso la obra inicia antes de que el público entre y finaliza con el mismo movimiento, iniciando un nuevo ciclo.
Reconozco que me costó mucho componer la partitura de movimiento, busqué apoyo en aquellas personas que me han ayudado a confiar en mí. Porque nuevamente entendí que no debía hacerlo todo sola, que me construyo y construyo mis sueños junto con mis amigas y amigos. Esas personas trajeron nuevas ideas que probar y que fueron sirviendo para dar cuerpo a las intuiciones que estaban descritas en el proyecto inicial.

Cuando llegué al estreno estaba en paz con el trabajo que logramos para ese momento de la vida, porque la materialidad de las cosas nos obligaba a pausar los ensayos por trabajo, familia e incluso salud (casi me fracturo un dedo en un ensayo). Incluso como artistas corporales pudimos reconocer cuando el descanso o el ocio nutre nuestro trabajo y nos permitimos fluir con nuestras necesidades. Ese día tuve a mi lado a mis amigas y familia, en presencia y en esencia; entré confiada al escenario acompañada de la Tejedora del movimiento y vió la luz: Atrás pensamientos danzados. Y lo que pasó al final de la obra nos dejó sorprendidas, los y las espectadores tuvieron la necesidad de hablar de sus propias experiencias, de plasmar en sus palabras lo que la obra les había provocado, en su sentir y su pensar.
Sigo viendo con satisfacción el proceso, porque desde el principio nos prometimos disfrutarlo y no sufrirlo, cuidarnos mientras recorríamos el camino y no solo perseguir la meta final, esta es la esencia de Malvaloka Producciones. Me mostró lo capaz que soy, pero además me reafirmó que hemos construido un equipo poderoso que entiende este oficio desde un lugar profundo y vital.
Aquí mi relato, la Destructora de imposibilidades, en la versión menos excel y más sentida que puedan leer.
